Que una lavadora dure 20 o 30 años es cada vez menos habitual. Los electrodomésticos, tienen una vida más corta que la que podrían llegar a tener. Se trata, de una práctica generalizada por los fabricantes. Productos que especifican su vida útil. La Unión Europea ha comenzado a dar los primeros pasos para acabar con la obsolescencia programada. En 2013, el Comité Económico Social Europeo encargó un estudio sobre la influencia del etiquetado de la vida útil de los productos en los consumidores. La conclusión más destacada según los fabricantes fue que los consumidores parece que están dispuestos a pagar más por los productos que están fabricados para durar más: más de cien euros adicionales por un lavavajillas con una vida útil adicional de dos años. Según un estudio del Eurobarómetro del año 2013, un 90 % de los ciudadanos cree que los productos deben etiquetarse claramente para indicar su vida útil. En julio pasado, el Parlamento Europeo creó una comisión de estudio para impulsar medidas para luchar contra la obsolescencia programada, como dotar con incentivos fiscales los productos que apuesten por la durabilidad y que sean fácilmente reparables, así como permitir al consumidor que pueda reparar sus dispositivos acudiendo a cualquier proveedor, no solo a los elegidos por las diferentes empresas. El Parlamento Europeo también pide a la comisión que estudie la creación de una etiqueta europea voluntaria que incluya, entre otras cosas, la durabilidad del producto y el diseño ecológico. El economista subraya que acciones como el etiquetado con información sobre la vida útil de un producto ayudarían al consumidor a elegir su compra. "Podremos elegir si nos compensa comprar productos más baratos con vida útil más corta o productos más caros con una vida más larga, lo cual redundará en beneficio de ciudadanos y consumidores", dice. De los neófilos a los que se preocupan por el medio ambiente. Soler habla de tres perfiles de consumidores. Unos son los neófilos y clientes precoces, básicamente gente joven, que siguen las tendencias y que quieren ser los primeros en adquirir novedades. El otro gran segmento que identifica es el de personas entre cuarenta y sesenta años que sí querrían poder alargar la durabilidad del dispositivo que tienen porque ven que las prestaciones del nuevo modelo no son muy significativas en relación con la versión anterior, o bien son funciones que no llegarían a aprovechar. Y el tercer grupo está formado por las personas preocupadas por la irresponsabilidad de las marcas en materia de sostenibilidad y medio ambiente y que querrían que el etiquetado no fuera voluntario, sino que se impusiera. Gran parte de los residuos electrónicos va a parar a países del Tercer Mundo, especialmente de África, a los que llegan grandes contenedores cargados con todo tipo de electrodomésticos. Un hecho que conlleva un gran perjuicio ambiental y para la salud de las personas. Productos con fecha de caducidad: de la bombilla a las medias de nailon. La obsolescencia programada no es un problema actual. Se empezó a hablar de la obsolescencia en la década del 1920, especialmente a raíz del crac del 1929, cuando los fabricantes empezaron a acortar deliberadamente la vida útil de muchos objetos para fomentar el consumo y hacer crecer la economía. La bombilla se convirtió en la primera víctima y muchas empresas fabricantes fijaron en no más de mil horas su vida útil, cuando las primeras bombillas tenían más durabilidad. Otros productos más efímeros como las medias también se vieron afectados por esta práctica. La empresa DuPont presentó en 1940 una media muy resistente en la que no se hacían carreras. Poco después dejó de fabricarlas porque al ser tan resistentes las mujeres dejaban de comprarlas, y comenzó a fabricar medias más frágiles. Lo explica el documental sobre el ciclo de la vida de los artículos Comprar, tirar, comprar, coproducido por España y Francia.

Publicado: 1 de Junio de 2018